1.12.08


Tu adiós resuena en mis oídos como un relámpago que calcina mis huesos y mi corazón.
No entiendo por qué ese adiós tan frío, sí tus ojos me mostraban una luz tan cálida y reconfortante.
Pero a la vez me gritaban que no te dejara que no me apartará ni un instante de ti.
Sin embargo, lo acepté. No sé por qué tal vez por que creí que era tu bien.
O solo porque quería que fueras como un ave que vuela por el cielo azul.
Como un tigre que corre en la pradera libre y sin miedos. Eso quería para ti, Eso quiero.